
¿Donde esta el jardín oculto?
mis ojos son inútiles, y en el reino
del polvo tiembla la sangre que clarifica
el vértigo de la libertad, que convierte
los sueños en desvarió. Contemplativo,
sucumbo cuando sonríes navegando
los mares de mi memoria.
Con solo un nombre, se aferra la flor a la vida.
Alla donde no hay limites
y mi hogar es un enclave pequeño
abonado en la creencia de la felicidad,
la memoria guarda recuerdos
de alegóricas formas de vida.
Allí donde un rayo de luna maceraba
un grano de arena, y de las conchas
perfectamente nacaradas se alineaban
reflejos brillantes que competían con el sol;
perlas negras que gravitaban de boca en boca,
en la preterición del entendimiento.
A la izquierda, un pequeño jardín
incubaba la luz azulada de Venus
hostigada de olvido, y de la tierra escarchada
de sueños, florecían ramas de primavera
aferradas a la hendedura de antiguas palabras,
al intimo origen donde coexisten con el silencio.
Es allí, donde nacen flores sin nombre,
con un extraño elixir que te devuelve
al vasallaje que irremisiblemente siempre
acepta la memoria; lupanar del soliloquio.
Una flor arañada de blanca desnudez
persiste orgullosa en el lugar mas recóndito.
Hechizada de luna se abandona a la frugalidad
de la arena; taciturna orilla del agua,
y en la seducción que el mar adeuda
al justo desorden del tiempo, se volatiliza
en las églogas que dan sentido a su nombre.
mis ojos son inútiles, y en el reino
del polvo tiembla la sangre que clarifica
el vértigo de la libertad, que convierte
los sueños en desvarió. Contemplativo,
sucumbo cuando sonríes navegando
los mares de mi memoria.
Con solo un nombre, se aferra la flor a la vida.
Alla donde no hay limites
y mi hogar es un enclave pequeño
abonado en la creencia de la felicidad,
la memoria guarda recuerdos
de alegóricas formas de vida.
Allí donde un rayo de luna maceraba
un grano de arena, y de las conchas
perfectamente nacaradas se alineaban
reflejos brillantes que competían con el sol;
perlas negras que gravitaban de boca en boca,
en la preterición del entendimiento.
A la izquierda, un pequeño jardín
incubaba la luz azulada de Venus
hostigada de olvido, y de la tierra escarchada
de sueños, florecían ramas de primavera
aferradas a la hendedura de antiguas palabras,
al intimo origen donde coexisten con el silencio.
Es allí, donde nacen flores sin nombre,
con un extraño elixir que te devuelve
al vasallaje que irremisiblemente siempre
acepta la memoria; lupanar del soliloquio.
Una flor arañada de blanca desnudez
persiste orgullosa en el lugar mas recóndito.
Hechizada de luna se abandona a la frugalidad
de la arena; taciturna orilla del agua,
y en la seducción que el mar adeuda
al justo desorden del tiempo, se volatiliza
en las églogas que dan sentido a su nombre.