jueves, 13 de septiembre de 2007

La rosa.




La poesía nombra a la rosa
para dejar a la razón en las márgenes
del sueño, su fragancia traspasa
el umbral del pensamiento, quedando
atrapada, entre olvido y recuerdo.
Y este aire que viene a perturbar
el orden de las cosas, dejando caer
lentamente la lluvia de los tilos
sobre las espaldas, mientras el corazón
late contra el muro del pecho.


¿Es esta luz, la que vierte su clemencia
entre sus pétalos y tanta primavera?

Ella viene a constatar que ninguna estación
dura eternamente, por mas que se empeñe
el alba en ocultar su origen y su abundancia.
No es la rosa su nombre, ni la remembranza
su aliento, ni aun el clamor del roció
que posa sobre ella sus gotas de agua,
son elixir que cierren el camino de la sangre.


Todo es la rosa en estas líneas
que pretenden dibujar la estación
donde no se detiene el tiempo, donde
quedan las hojas muertas y una sensación
de otoño que justifica una historia,
antes de que llegue el invierno.

¿Quién dijo rosa sin nombrarla?

Rosa solo hay una, la que hiere,
la que cura, si hay una voz
que precipite un nombre donde
reconocerse, para saber que ya pesan
mas las luces que tu derrota.
1/03/2007

2 comentarios:

Ana R dijo...

Poetizar un argumento poético , un símbolo como la rosa, me deja casi sin palabras. Dibujaste su envoltura perfecta magistralmente.

Precioso.

Un abrazo

lichazul...elisa dijo...

la rosa ...la primera la traslúcida
aquella que abrió su pecho al color
aquella que endulzo los labios
aquella que se hizo manta en la tumba


la rosa la vida en rosa
elisa