domingo, 15 de junio de 2008

Vuelve al mar, Marinero.

Foto: A. Luna



Fue un tiempo de perdidas, mientras por una imprevisible casualidad, me encontré siendo marinero. Allá lejos había pruebas de fuego y enigmas que el oráculo no sabía interpretar. Sodoma sin Lot, podria haber sido cualquier ciudad del mediterráneo, por el contrario la sal nos puede atrapar en cualquier esquina, sin necesidad de girar la cabeza.

No hubo en esta ocasión heroicidades de naufrago, ni perdidas tras una niebla que ocultase el faro del puerto, y aun así, me encontré perdido en las calles de una gran ciudad (Barcelona). De todas formas las consecuencias nunca son del todo previsibles, si el amante y el narrador acaban siendo la misma persona resolviendo un vago enigma, cuando ni siquiera el recuerdo
*"consigue cerrar los ojos sobre el mundo, para que emerja".


*(Estrofa de: “Todo parece así lejos” de Ana R.).






Sucedió lo inesperado y esta vez estabas allí para observarlo. Ocasionalmente estabas en la ciudad percibiendo el frió en el rostro de aquella mañana de octubre, dispuesto a declinar la felicidad, a conjugar el mundo real, el presente y el futuro en una ultima astucia del naufrago. Activaste la imaginación, no se sabe si en busca de una falsa cuartada o de una airosa prueba de complicidad; dadiva exculpatoria de lo que no te pertenecía.

La gente caminaba deprisa como cualquier otro día, con la indiferencia que presta la monotonía a la insatisfacción. En el interior del metro, cada cual iba envuelto en la abstracción de su cotidianeidad, en el martilleo sórdido que ejercen las ruedas sobre los raíles, y en la inseguridad que proporciona la carencia del espacio vital por el gentío.

Al salir al exterior, viste aquella anciana que pedía limosna e hiciste tu buena obra del día, dejando caer unas monedas sobre su raída manta, después, la dejaste abandonada a su suerte, sin más compañía que tu pensamiento. Buscabas un rencuentro, pretendías que tu pasado comenzase a caminar deprisa hacia el futuro, sin saber que seria tu presente el que recrearía una implacable oferta de obscuro esplendor, que se iría instalando en la culpa, mientras una estrofa de fe recorría el antiguo camino que separaba tu pensamiento de su belleza.

En la plaza de las flores, creíste oír una voz familiar, o al menos conocida, habías leído sobre los marineros que navegan por los siete mares, exiliándose ellos mismos por amor, por el amor que duele por que no mata, con el dolor que te recuerda que estas vivo, marinero en tierra, forjando soledades del exilio, rodeado de cosas insignificantes, incluida tu propia insignificancia, esa a la que nadie acaba por acostumbrarse. Le saludaste sin emoción alguna. Pasado algún tiempo volviste a oír esa voz en otras tierras, era el mismo marinero peregrino que seguía navegando sin razón en los mares que devoran sus propios dividendos.

Seguiste caminando por la arboleda calle abajo, vida abajo, turbando la paz de las palomas que arrancaban el vuelo al verte pasar. Era temprano para volver a casa y demasiado tarde para casi todo lo que vale la pena, te sentaste en un banco de la calle del olvido, viendo pasar a la gente y a la vida, rostros sin nombre compañeros de Lot huyendo de Sodoma, convirtiéndose en estatuas de sal al doblar la esquina.

Al otro lado de la calle, un músico callejero entonaba tu canción; recuerdos de otras vidas, de cuerpos abrasados por el fuego de otros mares que acarreaban al partir con la sal de las despedidas.

Nada puede contagiar de esperanza a la voluntad, si hay una palmaria sinrazón que va lamiendo las heridas; gratuita forma de conmiseración que enmascara las intermitencias delictivas de la razón.

Seguiste con la mirada perdida en el mar de tus naufragios, mientras caminabas las virulentas calles de la memoria que como los radios de una rueda, siempre van a parar al centro de la perdida, cuando desde la montaña se destrenzaba calido hacia el puerto antes de embarcar, un dulce perfume a tomillo envuelto en despedida.

Nadie la recuerda en la ciudad, solo queda la leyenda de una mujer que frecuentaba el faro esperando quien sabe que, hasta que se desvaneció entre la niebla una mañana fría de invierno.

De nuevo estas aquí para observar lo inesperado, para ser cómplice del desencuentro. Vuelve al mar, marinero, aquí ya nada te retiene.

lunes, 26 de mayo de 2008

El "yo" como sujeto lingüistico.

Foto: A. Luna

Reconstruir la experiencia implica despersonalizarla. Lo que entonces fue mío pertenece ahora a todos y a ninguno, a un potencial lector que hará abstracción del envoltorio figurativo de la anécdota para extraer de ella lo que contenga de universal. (Jon Juaristi)


En muchas ocasiones se intenta identificar al personaje que habla en mis poemas, como el narrador de capítulos de una biografía, pero solo es un personaje, que en unas ocasiones me sirve para expresar mis sueños y mis más profundas contradicciones diluidas en una esencia vital, con la que a menudo me fundo a la hora de escribir, y otras, me observa desde una prudente distancia.

No hay una referencia directa a hechos concretos de mi vida, de no ser así, no habría diferencia entre el hombre y el sujeto esencialmente lingüístico que asume el producto creado.

No obstante, sería absurdo decir que el reajuste de una forma poética de ficción, no venga dado por las propias experiencias, dándoles un sentido lato cuando se trata de capitulaciones amatorias que se objetivizan en el poema por medio de un perspectivismo sentimental. Es de este modo como creo que se pueden establecer las condiciones necesarias, para que el lector pueda recrear estéticamente el poema.

No negare que esto es una de las muchas formas de entender la poesía. En absoluto pretende tener ninguna validez pedagógica, pero si intentar explicar cómo me valgo de ella, para intentar transmitir un placer estético sin un significado objetivamente verificable, que no por ello deja de recopilar a través de la propia poesía, un pedacito de anecdotario de la propia vida en cada uno de los poemas, recreando una sustancia vital en la ficcionalización del yo, que me previene justamente así de una “falacia biográfica”.


José-Carlo Mainer a propósito del personaje verbal de los poemas de Luis Garcia Montero, argumentaba que decir “yo” en literatura no supone enunciar “una entidad reconocible y enteriza”, sino mas bien “una topografía borrosa”.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Ilusoriamente Lucia.

Peñiscola, agosto 2004. A. Luna

Es facil escribir a la mujer que amas,...
A. Iravedra.



Lucía, como dulce ternura adherida
a la saliva de un beso ilusoriamente retenido.

Tu nombre sosteniendo un cuerpo entre
dos, hacedor de un mundo que fluye
de mi mismo y, en la desnudez
de sus letras, se airea la hermosura
de saberte con un nombre que oferta
el peso del amor, que tu cuerpo
deposita entre mis brazos.

Las manos dibujan resueltas
sobre las formas de la piel, insinuando
un leve temblor sobre la esperanza
del aire, al ritmo de furtivos relojes
de invierno que marcan las horas quietas.
Sus péndulos hilvanan el baile
de tu nombre, al dobladillo que al invierno
le roban todas las primaveras.
Es hermoso contemplarla vestida
con un nombre que deja sentir la caída
de las hojas secas al otro lado
del cristal, como plumas blancas
sobre las páginas del pasado.

Lucía me sangra entre los labios.
Ni sus ojos negros, ni su pelo,
ni mi verdad que guarda su boca,
responden si la llamo por su nombre.

Allí donde te has ido, no puedo imaginar
que nadie te llame con un nombre
en el que mi vida sigue estacionada
entre sus letras, como las aves que saben
del cansancio que sobre las alas
imprimen los regresos hacia las cosas
quietas, mientras sostengo en el hueco
de una mano la palabra con la que arde
la lumbre, en la transparencia
de un nombre entregado.

Sobre la terquedad de tu nombre,
se alinean las letras al borde
de lo que duele constantemente
a la certidumbre del olvido y, sin embargo,
me apremia la negación de la hermosura
que ya no responde cuando la llamo,
ni duelen las letras si atraviesan
la fundación de la voz, cayendo
sobre un reino en el que enmudecen.

Ahora, aunque sigo llamándote con ilusoria
constancia, eres tú quien permanece
en mi memoria en una extraña soledad
sin nombre, de la que rescatarte es vano
cuando gritas que sigues esperándome.




jueves, 1 de mayo de 2008

Amapola (alma del aire)



"Como una palabra en fuga que se hubiese
detenido desnuda para entregar sus ropas a
nuestro deseo y le dijera: -No soy el amor."

Vladimir Holan.


Una vez más, a las puertas del aire
que avienta de tus labios
la ceniza de mi nombre,
el mismo aire que en un suspiro,
la boca fue incapaz de premeditar
la cerrazón del alma, y de su boca
a mis labios carmín que pintaba
de amapolas el aire; ¡alma del aire!
corazón del trigo sobre las enfrentadas
caras de la muela de pedernal,
que en su derrota, asume la victoria del pan
sobre la mesa, venciendo un hambre antigua
que obra desde su luz una distancia intima,
reconocible solo entre la harina y el agua.

Brazos en cruz comulgan con la vela
mayor del viento en detenido instante
sobre el tacto de las horas, con un leve
roce de eternidad limitada.

Vencidas edades portuarias van cayendo
entre los ojos y el repunte de un sueño.
Alma del aire conversa con la arena
sobre el color de las amapolas, mientras
las olas, de retirada, susurran sonidos
de carolas insomnes que citan gaviotas,
y peinan futuros sobre los espejos del agua.

Las palabras, tal vez insistan en airear
inviernos en un espacio de sombras,
cuando la metáfora del tiempo se desvanezca
en la boca del aire y un escarchado suspiro
de amor, caiga sobre las rejas que pintan
de incertidumbre las aceras del alba.

Mañana, cuando el trigo ondule su tallo
sobre la parsimonia de los días iguales,
las amapolas -almas del aire- sangraran
labios rojos sobre los cristales de alma
una vez mas, a las puertas del aire.



domingo, 20 de abril de 2008

Nombre ajeno.


Costa Brava 2006. A. Luna.




...Y ya, sin un nombre, vistió su cuerpo blandamente con un sueño recién mojado en amor, en tránsito hacia otros nombres que pesaran menos en su memoria.


A Laura, con afecto.


Se viste con nombre ajeno,
sin saber que ella es la definición
del argumento que nombra los días
deshaciendo el equívoco del tiempo
de estar solo: la página más amable
sobre la que escribir venciendo el cárdeno
litigio que un día secara el lagrimal
de las letras, puertas que en su aldaba anuncian
los abandonos que te regresan a la libertad.

Entre su pecho y su vientre se alinea
la luz en las noches de un solo cuerpo,
y con las chispas que barajaban ensoñaciones,
azulean los versos sobre la alegría del Mediterráneo,
preñando de sal la arrogancia del aire,

¿Quién responde al viento, servil brazo
del aire que me trae al alba el perfume
de un cuerpo sin nombre, ansia de esta oquedad
de la memoria que se atreve a poner piel
a la mañana que se anticipa?

Y se va desgranando su gesto sobre
la voluntad intacta que desbarata
el proceloso tiempo de esquinas carcelarias,
y la ira que ciega a la libertad
se consume en la disciplinaria belleza
que desnuda su alma de nombre.

Ya en lo abstracto, sin más ambición
que la victoria que busca en tu boca
el camino que trenza la fe, mi instinto
se pierde en la ensoñación que, inevitablemente,
me lleva hacia el futuro, haciéndolo invulnerable.

miércoles, 2 de abril de 2008

Cóncava angostura del amor

Reo de sus propios actos, el cuerpo
yace convicto al borde
de su propia caida, mientras
la voluntad, ya confesion inerte,
va devorando su veneno,
carne ultrajada donde
el tiempo es ya su unico testigo.

C. Bonald.

Foto: 3ªpremio de fotografia 2005 ciudad de Hostalric. A. Luna.

Sobre la cóncava angostura del amor
atestigua la memoria sus mentiras,
la capitulación, los días sobre
borrosas noches que conformaban el deseo
con su sed de felicidad, horariamente
desnuda, y la carne aciaga de amor desgrana
corrosivo barro, sobre el onanismo de la misericordia
que enjuaga legendarios cuerpos,
abrazados contra el mudo baluarte del azar.

La sed que apenas sacia la sed,
junta todos los años en la irisación
del cuerpo que escapa a las bridas del castigo,
sobre la purificadora luminaria que reniega
del tiempo muerto del olvido,
y no hay en ello una brizna de fe,
ni siquiera un mezquino bostezo
de esperanza sobre la certeza,
de que ya no basta con vivir.

sábado, 29 de marzo de 2008

Lapsus imperdonable.

Hace algunos meses que Ana R me concedió más que un premio, su reconocimiento, lo cual me lleno de satisfacción y en su momento, así se lo hice saber. En aquellos días, por no ser demasiado partidario, no ya del reconocimiento, sino del premio en si, no entendí el funcionamiento de estos premios y no lo colgué en el blog, tampoco entendí que yo tenía que nombrar a quienes creyera que merecían dicho premio y otorgarlo, para que así siguiese vivo y en movimiento. (Me siento tremendamente estúpido por ello) Ha tenido que venir de la mano de Turca un segundo reconocimiento para entender como funciona esto realmente. Ahora creo que pude parecer desagradecido, cosa que en absoluto pretendí, y aun así, pido disculpas por el desconocimiento o falta de interés.

Para remediar en lo posible mí equivoco, y si aun estoy a tiempo, nombrare a las personas que creo según mi criterio, son merecedoras de estos reconocimientos y así contribuir con uno de los pocos medios de que disponemos, a reconocer el esfuerzo y la ilusión que todos vertimos dentro de nuestro medios, en el amor por las palabras.

Gracias de nuevo, Ana.
Gracias también a ti, Turka, por tu cariño incondicional y tu amistad.

Premio Arte y pico. Otorgado por Ana R el 15 de enero y que paso el testigo a:



Sempre lontano. Laura
Mis letras, mi alma.. Adriana
Frente al mar. Turca
Cordura sólo para locos. Ninfasecreta
Mis mas intimos sentimientos. Vicky


En cuanto al premio Calidez que generosamente me entrega hoy mi querida amiga Turka, paso el testigo a:





lichazul...elisa. Elisa
Trazosdepiel. Ileana
Arterapia sentimental. Pau Llanes
Myk Lógica. mYK
Viviendo por vivir. Aire.

Un abrazo a todos/as.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Palabras.




Mi lengua dice patria,
con la misma fuerza
que pone el corazón
en el amor, y dice
viña en el paladar
la uva, y dice heno
el sol sobre su pelo
mientras una silaba
de agua cae sobre
su piel, y yo digo:
rosa en carne viva,
tierra, camino, nube,
que se unen a la memoria
del mar, para trascender.

Del cielo llueven palabras,
gotas de letras perennes,
párpados leyendo con rabia,
que apagan bendita sed.
Querida lengua
de antiguos labios,
donde nace el pájaro,
el pino y el laurel,
puedo entender el énfasis
sobre la espiga,
cuando el viento
ondula su tallo
sobre la voz,
y oír hablar a la ola
de antiguos puertos
donde regresa el recuerdo
vivo, buscando la cera
amarillenta que la luna
derramaba sobre la mar.

Y mientras amanezco
desperezando la concha
que guarda los significados
del amor, un árbol sostiene
a dos vientos la palabra,
bajo la mañana
que me trae tu nombre;
paisaje claro de mujer.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Octubre.

L´escala, Girona 2006. A. Luna

Las manos sobre las palabras;
soy sanador de cristales.
Sobre las palabras
que llegan del horizonte
por las aceras del alba.
Juan. M.

A Ana, en algún lugar del mundo, preferentemente al norte, y a mis hijas, para que las sorprenda la memoria, después de haber vivido, después de haber amado. Luego, siempre podrá haber un tiempo para hacer de los recuerdos, un simple ejercicio de escritura.


I
En esa hora de nadie,
en que el nomeolvides renace
sobre un rango de abstracción,
siempre habrá un espacio para
que el verso viaje de la mano
de la memoria, con un pacto
tan antiguo, como el de la tarde
con el sol, cuando se despiden entre
las bambalinas de un crepúsculo desangrado,
después de acariciarnos el rostro,
sin pretensión, casi, sin proponérselo.

Octubre no ofrece dudas,
es la hora del ayer -hacia
las cinco- cuando los niños
vuelven de la escuela
y el tiempo camina ya lejano
de las bondades del verano.
No hay ya color, en el aire
que abraza tembloroso las mañanas.

II
Un mar revuelto bajo un cielo
de luz desvanecida, ponía alas
al agua, y campanas de aire
elevaban la musicalidad de la espuma,
repartiendo ingravidez entre las gaviotas.

El mar confiaba su bisutería
mas fina, a las desahuciadas arenas.
Conchas, caracolas, quincalla desgastada
a ambos lados del tiempo, con un ingenio
extraño que remeda una sutil transparencia,
entre quienes éramos,
y quienes creíamos ser.

III
Calle abajo caía el otoño
sobre los muros de los clausurados
hoteles, y sus reclamos palidecían
como oro deslucido que llorase
las desventuras del invierno,
planeando sobre el mar.

Se que hay un reloj perdido en la arena,
justo entre el asfalto y el agua.
Es allí donde nacen los remos
que me llevan a otras formas de vida,
acercándome a esa memoria siempre herida,
siempre apunto de morir, renaciendo de un eco
lejano, transportado por un viento frió del norte
que golpea los cristales en la hora nona;
ventanas que en las aulas, irremediablemente
invitaban a navegar.

Sobre el repetitivo tintineo de las últimas silabas
de cada palabra, esta la memoria de una flor
que renace una y otra vez del corazón
de un nomeolvides: el tiempo de las estatuas
de sal en medio de una plaza, que vuelven
a tomar vida, el tiempo de las palomas
revoloteando la fuente del agua tierna,
de los espíritus libres, el tiempo del temblor
del mar, acunando la fría soledad de las estrellas.
Escenas de una vieja obra, versos que guardan
su cadencia, en unos ojos negros
que me iniciaban en el sexo de las palabras.

IIII
Mares solitarios guarda la memoria
que retiene a octubre entre sus frías aguas,
cuando aquellas calles festivas palidecen
como una bujía difusa, que alumbrase
los colores de un edificio
de humo, escapando suavemente
de entre nuestras manos.

Del tiempo son todos nuestros momentos,
quizás, por que el no tiene potestad
para borrar esa nube de memoria, y enterrar
sin el menor daño, todos los recuerdos.

martes, 15 de enero de 2008

Con quién sabe qué consecuencias.



Haber vivido ya, en distintas
distancias, apenas perdurables,
en lugares equidistantes
de una misma memoria,
con quién sabe qué consecuencias.

Es la indolencia de los años
quien concilia sórdidos compromisos
que se precipitan sobre
el corazón del insurgente,
como criptograma de plenaria
sinrazón enjuiciando el lastre del convicto.

Lucho contra las leyes
que irremisiblemente se sostienen,
sobre los pilares donde nunca estuve
sin el absurdo mestizaje del azar.
Allí, siempre permanece inflexible
la memoria, aferrada a la más última
hermosura del pasado.

Guardadme, pues, de la fraudulenta
desnudez de la noche
y de la necesidad de palpar
un nombre que todo lo signifique.

Guarecedme de su crepuscular
anarquía, disciplina
que activa la imaginación.

¡Ya siento el imán vejatorio
sobre el vidrio que rezuma
el voltario jugo! exculpatoria
intermitencia que va impregnando
los veleidosos turnos del pasado,
abrazando con piadosa rabia
las lindes de la intemperie.

Y así va transcurriendo el tiempo,
que bordea los arrabales de la memoria,
su retrospectiva esperanza fracasa
en la clarividencia que permuta la distancia
por espacios, y pinta la locura de colores.

¿Con quién sabe qué consecuencias
se aferraba el amor a la cordura?

martes, 27 de noviembre de 2007

Lagrimas de blues



Amanece temprano en los tugurios
donde se sirven intermitentemente
delicias que ensañan la virtud, mientras
se vierten amores en las botellas
adyacentes; destiladoras de mensajes
que nunca nadie los rescatara del mar.

Un alma de blues corre las cortinas
de la desesperanza, entre bambalinas
de humo rompe los acordes de la ruidosa
negación del silencio, cuando aun es temprano,
para beber todavía hasta tan tarde.

Un viejo se sienta trabajosamente sobre
el taburete, mientras de una acústica asimétrica
unos dedos sin historia le arranca al piano
un mi complaciente, impregnado en alcohol
que va acariciando entre algodones pabellones auditivos.

El alma de blues incendia con sus notas
los espacios acuciantes sobre el péndulo
de la melancolía, potenciando los acordes
sobre los dividendos que el alcohol adeuda
al cuerpo, en falsa cuartada de complicidad
penitente de amor y albedrío.

No es Paris quien arde ni ha amanecido
todavía, ni el anillo dorado que deja el pequeño
vaso sobre la mesa, usufructo de plenitud
que circundara nunca dedo alguno.
Lagrimas de blues; alucinatoria nitidez
de media noche martillea el rigor de un piano,
y sobre el embeleso de sus acordes, se derrama
un cerumen litúrgico que resbala como plomo
negro cuestas abajo, cotejando las mejillas.
Lagrimas del blues, olvidar lo no aprendido.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Cronología del dolor.


Muerte y vida se confunden
en las contiguas habitaciones del dolor.
Sobre la definición del hombre
que exalta su condición de ser,
se han detenido mis pasos,
sin mas elocuencia que la niebla
que deposita sobre el magnánimo deseo
de vivir, las cenicientas alas del dolor.

Cae la noche sobre el roquedo
claro donde se enarbolaba la bandera
azul de los sueños, que almibaran
el alma, y copos negros de escarcha
desbaratan el plumaje imbatible
de la libertad, en ambigua rendición
que milita en la frontera del olvido.

Enloquece el tiempo bajo la ley
que somete a la mas burda heredad:
a la angustia ignorante, la vulgaridad
de lo efímero, lo falaz de lo perecedero,
de lo humano origen de lo mortal.

La bajamar, ha arrastrado mi barca
hacia la indiferencia, su retractilidad
ha quebrado la tablazón de su entereza
dejándola a merced de sotavento.

sábado, 27 de octubre de 2007

Flor arañada de blanca desnudez.



¿Donde esta el jardín oculto?
mis ojos son inútiles, y en el reino
del polvo tiembla la sangre que clarifica
el vértigo de la libertad, que convierte
los sueños en desvarió. Contemplativo,
sucumbo cuando sonríes navegando
los mares de mi memoria.

Con solo un nombre, se aferra la flor a la vida.

Alla donde no hay limites
y mi hogar es un enclave pequeño
abonado en la creencia de la felicidad,
la memoria guarda recuerdos
de alegóricas formas de vida.

Allí donde un rayo de luna maceraba
un grano de arena, y de las conchas
perfectamente nacaradas se alineaban
reflejos brillantes que competían con el sol;
perlas negras que gravitaban de boca en boca,
en la preterición del entendimiento.

A la izquierda, un pequeño jardín
incubaba la luz azulada de Venus
hostigada de olvido, y de la tierra escarchada
de sueños, florecían ramas de primavera
aferradas a la hendedura de antiguas palabras,
al intimo origen donde coexisten con el silencio.
Es allí, donde nacen flores sin nombre,
con un extraño elixir que te devuelve
al vasallaje que irremisiblemente siempre
acepta la memoria; lupanar del soliloquio.

Una flor arañada de blanca desnudez
persiste orgullosa en el lugar mas recóndito.
Hechizada de luna se abandona a la frugalidad
de la arena; taciturna orilla del agua,
y en la seducción que el mar adeuda
al justo desorden del tiempo, se volatiliza
en las églogas que dan sentido a su nombre.

domingo, 14 de octubre de 2007

El faro.




Llegaste solo, impregnado con la sal
de las rémoras que te acompañan, sin mas tregua
que la abdicación, devuelto de las arcas
oscuras que la noche presta a la voz
del temporal, cuando las babas del mar
se arrodillan ante la espada de Astrea.

No hay voracidades que escapen a la vocación
del faro, vigía de los recuerdos que arden
con llamas intermitentes, blanquecinas,
que contagian el sueño de Themis
y a su media deidad dormida.

El faro alumbra el mar de la memoria
con imperturbable celo, mientras bancales
de almendros sostiene victoriosos la albura
del aire quieto, bajo una luz herida.

La lengua del agua lame las piedras del
acantilado con avariciosa lujuria, trepando
los riscos que soportan a los inclinados pinos,
avanzadilla del faro en las noches oscuras de luna.
Un diamante perfila el hilo del horizonte; antorcha
que desborda la cordura, y la sangre necesaria
conduce el ritmo de lo que ya no importa,
hacia los lugares donde la luz no inclina la balanza,
ni la espada puede cortar la oscuridad de la noche.

Tu, que soñaste con tener las llaves del mar
y proyectarte sobre el en la oscuridad
que persiste a ambos lados de sus claros
arenales, cuando solo eres memoria que junto
a la saliva azul asciende al universo mientras
danza la pleamar. Pero no de noche cuando
la luciérnaga gira sobre su pedestal,
y tu contemplas su latido gravitando como
un rayo que quisiera alcanzar la aurora.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Cuando los niños se despiden del mar.



Dulce melancolía que enciende
la luz del mar, que se proyectaba
como una beldad al doblar el faro.

En este lenguaje comprimido,
esta la esencia de las perdidas
que se desvanecen sobre las muescas
que los ojos dejaron pintadas con tiza,
en el lienzo blanco de una chalupa.
La niñez sin misericordia, disgrega
las partículas de los juegos
en las escarpadas calles que iban
a parar al mar, estrechas y largas,
atadas a un cabo de la inocencia:
pelotas que dejaron de botar al doblar
la esquina del viejo pinar, el olor a domingo
en el pelo de una muchacha, la viruta
del lapicero recién afilado y la goma
de borrar tristezas de amistad.

Un sol tullido y viejo llora lágrimas
rojas, mientras se oculta tras el horizonte
mágico de los cuentos.

Nada consuela la ignorancia del motivo
de la perdida, ni el dolor que se oculta
tras las cañas, cuando los niños
se despiden del mar.

Tu muñeca, mi arsenal de lápices decolores,
las mañanas de abril y las flores,
la conmiseración del cielo, que separaba
tu puerta de la mía y una canción.

Mi pueblo era una mujer con nombre
de santo varón, un caminar bajo mis pies.
La niñez: una palabra sobre un cono de helado,
que degustaba cada verano a las tres.

14/junio/2007

domingo, 16 de septiembre de 2007

Sombras de otoño.


AUSENCIA.
Cuando te fueite,
me dejaste la noche
y su negrura.
Una lumbre mojada
gotea de los astros. (Manuel Neila)


Hay un lugar donde converge
el otoño y el ocre de las despedidas;
plazuelas vestidas de cielo negro
donde los niños abrigados de luna
ofician las sombras, de espaldas a la noche.

Otoño y despedida conforman un puente de plata
que sostienen ambos costados del recuerdo,
pendulando sobre los veleidosos turnos del futuro,
supliendo espacio por distancia en una estación
angosta, de envinados reflejos.

Hacia un lugar presentido deriva esa forma
que respira, su temblor no es vida,
si no aposento del ser, lugar de espera
donde nunca nadie se encuentra a si mismo.

El otoño transporta el mapa de los recuerdos
al lugar donde se enjuagan las lagrimas
que detienen el tiempo de las constelaciones,
sin dejar apenas espacio donde regocijar
el pensamiento, que avanza y retrocede.
Suyo fue desgranar el fruto, como ahora
lo es la cáscara de la tarde malva, donde
se reclina el sol de poniente.

El cielo de Orión derramara la ceniza
de las babas de Sirio, su sonrisa acerada
anuncia el frió del invierno a ambos extremos
del adiós, antes de que finalice el otoño.

jueves, 13 de septiembre de 2007

La rosa.




La poesía nombra a la rosa
para dejar a la razón en las márgenes
del sueño, su fragancia traspasa
el umbral del pensamiento, quedando
atrapada, entre olvido y recuerdo.
Y este aire que viene a perturbar
el orden de las cosas, dejando caer
lentamente la lluvia de los tilos
sobre las espaldas, mientras el corazón
late contra el muro del pecho.


¿Es esta luz, la que vierte su clemencia
entre sus pétalos y tanta primavera?

Ella viene a constatar que ninguna estación
dura eternamente, por mas que se empeñe
el alba en ocultar su origen y su abundancia.
No es la rosa su nombre, ni la remembranza
su aliento, ni aun el clamor del roció
que posa sobre ella sus gotas de agua,
son elixir que cierren el camino de la sangre.


Todo es la rosa en estas líneas
que pretenden dibujar la estación
donde no se detiene el tiempo, donde
quedan las hojas muertas y una sensación
de otoño que justifica una historia,
antes de que llegue el invierno.

¿Quién dijo rosa sin nombrarla?

Rosa solo hay una, la que hiere,
la que cura, si hay una voz
que precipite un nombre donde
reconocerse, para saber que ya pesan
mas las luces que tu derrota.
1/03/2007

domingo, 9 de septiembre de 2007

Tiempo de aire (bis)



Crecer sobre las alas húmedas de principios
de septiembre, cuando el verano sumerge
su agonía en el corazón de este aire de poniente.
Tiempo de aire incandescente: arruga del mar
tras la escollera del consuelo, sol de la ultima
tarde, que guarda en nosotros su memoria para
florecer en las pupilas transparentes del poeta.

Regresan los nombres que el mar devuelve
alados a las voces del oleaje, tiempo de aire
arrastra las redes de la misericordia
que la primavera deposito en su brillar
mas puro, para que el amor no deje señales
en la agonía que precede al verano.

Un péndulo de fulgor abrasa a cada hombre,
en la escala de la flecha que arde en cada verbo.
Abrir las puertas al aire, que nadie detenga
su corriente vendaval de verdad, que limpie
mi casa y detenga las velas del reloj, donde
se suceden los tiempos del aire.

Contra el oleaje, rompiendo el espectro
de la luz que enturbia el puerto que le espera,
barre el aire mi barca y su destino, y la pleamar
baila una danza de nieve, que nos roza con sus alas
un instante, conformando la marea de las palabras.

Viento de vida, fundación de mi voz,
a ella me uniré para ascender, para volver
a ser, tiempo de aire.

martes, 7 de agosto de 2007

Volver de la soledad.


La consciencia se ha dormido
en lo que queda de noche,
próxima a una nueva forma de soledad.





La luna posa sus estrías sobre
lo que queda de la noche. Azulean
las esquinas con el vapor del calor
que alivio la lluvia de la tarde,
en la aldaba regia de un prometedor agosto.

Un hombre camina sobre la luz
de sus óxidos, sin tiempo, disperso
apenas entre la brisa del mar y una
vieja canción, sin mas vida que la memoria;
recuerdos superpuestos en otra forma
de tiempo que acercan a la indolencia,
¿Qué nombre de mujer? Sucinto amor,
¿Qué música por venir en esta oscura
claridad, que no hiere la verdad,
ni siquiera la que no fue?

Asiste solo al día y a la luz
que condiciona el tiempo a la armonía,
al paritorio donde los sueños se ocultan
tras su huella por no desvanecerse,
y la compara con la noche, en lo mas profundo
rechaza el manto tenue de la muerte, resortes
libres del pensamiento: agravios, inquietudes,
vilezas refulgentes que el mundo no equilibra,
todo nombres sin nadie que se revelan
en el aire y no aciertan los recuerdos.

La noche estimula la nostalgia
ante el reflejo de la luna esplendente.
¿Es esta extraña sensación al despuntar
el día, regresar de la soledad, sin saber
de que forma, ni cual es el camino?

jueves, 2 de agosto de 2007

Nuevas manos, juventud.


Nuevas manos abrirán los surcos
que la vida va cerrando en esta orilla,
bajo las sombras que la luna no acierta
el naufragio, morir y resistirse.

Certezas del fondo del paisaje,
mirando a la vez a ambos lados del camino,
buscando una frágil brizna de belleza
ante tanta lluvia desacorde, nada,
rompe los silencios, ni una gota
que dibujase un arco iris.

Nuevos ojos abrirán la madrugada,
depositarios del alba en la noche oscura,
y no existirá el ayer, por que ellos nada saben,
traslucidos pasaran sin oír la voz que como
un vértigo asegura en la humedad otoñal
del ocaso: estas conmigo por que fui,
por que soy juventud,
bajo los surcos de la piel y las arrugas.